domingo 27 de junio de 2010

Relato.-


Silentĭum.-

Hay algo que siempre he callado. Hay algo nuestro que siempre he mantenido oculto y de lo que nadie ha tenido noticia a través de mí. Nadie ha escuchado mi mano, nadie ha leído mi voz. Y pensar que lo he dicho de tantas diferentes maneras que de a poco se me olvida cómo era primigeniamente. Sólo tengo un recuerdo vago. Algo gris. Algo húmedo todavía por aquéllas gotas de sal que se evaporan tan lento como vos te alejás de mí. Eran unas palabras tan frágiles, tan volátiles, que un mínimo descuido las haría imperceptibles, casi tan imperceptibles como el aleteo de un colibrí, como el silencio del mar, como el sabor de tus ojos... Y vos pudiste más que mi negación. Vos fuiste testigo de ellas, y fuiste testigo también de su carácter soluble. Paradójicamente vos eras el motivo de su homogeneidad o su desmoronamiento, y acá me ves hecho escombros. Escombros de unas palabras que tanto me habían costado hilvanar. Las destruiste, como siempre, con ese poder tan voraz que tenés y que detesto: la omisión. Una omisión, esta vez, voluntaria. Atroz. Y un escozor me invade cuando intento recomponer esas ruinas, o al menos edificar sobre ellas. Debe ser el miedo a, nuevamente, ser víctima de un trono huérfano de Princesa; una orfandad de la que soy preso desde que te he dejado leerme la voz.
Hasta hoy nadie había sido testigo de esas palabras que te he dicho. Nadie. Vagamente las recuerdo, como a tu sombra yéndose bajo el sol en un galope a dúo, como siempre, sin mí. Porque es tan pobre mi acervo, es tan pobre lo que podría haberte ofrecido, que elegiste seguramente bien. Es tan pobre tener sólo palabras, que te fuiste en busca de miradas claras. Es tan pobre ofrecer una vida de palabras, que yo también hubiese elegido otra cosa, pero al menos las habría escuchado. Y pensar que son tan sólo dos... .-



Gael Borjesi®


Música de luz esta semana:

http://www.youtube.com/watch?v=qF54PAe3D9E&feature=PlayList&p=D10CB3380B5262E3&playnext_from=PL&playnext=1&index=4

domingo 20 de junio de 2010

Versos.-


Gutta.-

La soledad de tus manos envuelve
una brisa que hace que en otoño,
cuando se desprenden las hojas de mi alma,
ínsito en ellas esté la necesidad de que
abras tus manos y las hagas volar.

Riendo, empero, tus ojos de añil besan
otras hojas, en quienes posas
sutiles destellos desde la tormenta y,
sosegadas mis ramas, precipitan
incontables inviernos en gotas.


Gael Borjesi®


Música de luz esta semana:

http://www.youtube.com/watch?v=E4Qhtpnk3yY

miércoles 9 de junio de 2010

Relato.-




Exordĭum.-

Para mi perplejidad, sos un exordio interminable. Para graficarlo más claramente: cuando creo que estoy redondeando un desenlace, doy vuelta la página para continuar escribiendo y me encuentro otra vez rendido a los pies de esta introducción eterna que no culmina su exposición. Será que no se terminan las razones que expliquen el porqué se produce todo esto, el porqué he de saber morir todos los días. Será que este orador no se da por vencido; o será que este foro no es para mí. Tengo interlocutores, sí, pero si no son tus oídos los que escuchan, entonces mis palabras son como perseidas: pequeños cuerpos celestes que al rozar la atmósfera de mis oyentes producen cierto brillo y un espectáculo abrazador, pero efímero. Estrellas fugaces. Breves. Temporales. Momentáneas. Perecederas...como el desarrollo de un microrrelato, una extensión abarcadora de pocos verbos. Así fueron tus respuestas también. Y cuando esas palabras mueren, creo haber llegado al final, al desenlace, a la conclusión. Y para mi perplejidad, como he dicho antes, me encuentro de nuevo en un exordio interminable. Me encuentro nuevamente explicando el porqué se produce todo esto, el porqué he de saber morir todos los días, el porqué he de ser una estrella fugaz, como el desarrollo de un microrrelato. Un cuento breve de introducción eterna. Una historia cíclica, en la que nunca fuimos coprotagonistas.
A decir verdad, nunca llegamos a ser cuento. Y yo quería ser novela...





Gael Borjesi®



Foto: David Fokos.



Música de luz, esta semana:

http://www.youtube.com/watch?v=P7Rp1l6Z3LQ



lunes 24 de mayo de 2010

Reafirmación.-


Soy argentino. Aunque esta bandera haya sido pisoteada, embarrada y olvidada, soy argentino en cada centímetro cúbico de sangre que llora jurando con gloria morir. Feliz bicentenario del primero gobierno patrio.-


Gael Borjesi®

miércoles 19 de mayo de 2010

Relato.-


Extraneāre.-

Explicame por qué te extraño.
Explicame por qué cada vez que mis labios intentan reproducir tus iniciales una barricada de fuego se interpone entre mis armas y vos.
Te extraño aunque nunca te veo.
Te extraño aunque nunca, quizás, te vi.
Te extraño aunque tus ojos nunca acariciaron mis manos cuando, desesperadas, intentaban sacarte de ahí.
Te extrañé.
Te soñé.
Te esperé.
Te extrañé cuando tu sonrisa respondía a otra mirada.
Te soñé cuando tu mirada sonreía a otro sol.
Te esperé cuando tus gotas mojaban mi sonrisa
y me desintegraba en el andén, sin vos.
Te lloré.
Te esperé y te soñé y te extrañé.
Me extrañé.
Me soñé.
Me esperé.
Me extrañé cuando sabía que no había una sonrisa.
Me soñé cuando te encandilabas en otro sol.
Me esperé solo en la ventana de mis gotas
y me desintegré en el andén, sin vos.
Me lloré.
Intenté, desesperado, sacarte de ahí cuando mis manos acariciaron tus ojos.
Y aunque te extraño, te extraño aunque, quizás, nunca te vi.
Explicame por qué una barricada de fuego se interpone entre mis armas y vos, quemando tus iniciales.
Explicame por qué me siento en vos.
Explicame por qué te extraño.
Explicame por qué.
Explicame.
Te extraño.-




Gael Borjesi®

Nota: la foto, nuevamente, pertenece a Rafael Minkkinen, y nuevamente también se agradece a Miryam Jusid por revelárnosla.-


Música de luz, esta semana:

http://www.youtube.com/watch?v=V6HppOWNWcY&feature=related

Reflexión intempestiva.-


Exonerāre.-

Disculparse es, ante todo, excusarse intentando evadir o purgar una culpa. Yo no quiero evadir mi culpa. Me declaro culpable de todo aquello de lo que se me acusa, pues no encuentro razón para querer exonerarme de un cargo tan divino. Podrá pensarse que mis cabales han sido arrebatados de mi conciencia. La respuesta es, antes que algún indicio negativo, afirmativa. Mis cabales han sido efectivamente arrebatados por las manos de una áurea figura y aún trato de recordar cómo era todo antes de verme privado de ellos. Sin embargo creo que eso que llaman "estar en los cabales" carece de beneficio práctico: si estar en mis cabales significa resignarme a no poder contemplar esa sonrisa; si estar en los cabales significa que no puedo dejar fluir esta conciencia ajena y declararme culpable, entonces no lo quiero. No así. Déjenme con mi desvarío temporal en el que puedo, al menos, encontrarme con mis puñales afilados para, como dije una vez, poder desgarrar las hojas y desangrarlas...ver ese fluido escarlata...como creo que ya dije otra vez también.
No voy a pedir disculpas entonces por no desaparecer. Soy culpable. Culpable en tu conciencia. Inocente en mi conciencia. Condenado de todos modos, sin disculpas, a tu prisión.-




Gael Borjesi®

lunes 10 de mayo de 2010

Relato.-


Necesidad (monólogo bipolar).-

-¿Cómo le va? Buenas tardes. ¿Sus cosas como siempre?-.

Él se acercó, la saludó con un delicado hálito en su mejilla, estiró su brazo con la palma de la mano derecha acostada, de perfil, como señalando la puerta, y con un sencillo toque en el centro de la espalda la invitó a ingresar. Escoltándola hasta una mesita contra el vidrio, apuró el paso, dio un saltito de rayuela (gracioso por cierto) y asió la silla, la corrió despacito hacia atrás para que no crujiera demasiado y la invitó a sentarse. Mientras acercaba la silla hacia ella se inclinó levemente y su aroma perforó todo el olor a café que reinaba en el lugar; él no pudo sino suspirar en silencio. Rodeó la mesita, se sacó la chaqueta y la colocó en el respaldo de su silla. Tomó asiento. Ella miraba a su alrededor quizás sospechando que podía encontrar algún rostro familiar y, como no había moros en la costa, su mano derecha partió hacia su quijada y ésta, haciendo presión, ensambló el codo contra la madera. Lo miró fijamente mientras él llamaba al mozo.

-Dos café con leche con medialunas por favor-.

Él sabía que a ella le gustaba aquél combo. Él creía saberlo todo sobre ella.

-Mire, le agradezco que haya aceptado venir después de tantas negativas. Creo que no voy a quitarle demasiado tiempo-.

Ella se echó hacia atrás, acercó un poco más su asiento y cruzó esta vez los brazos sobre el mantel. Tenía los pies cruzados debajo, él lo sabía.

-La verdad es que no puedo sino comunicarle que he caído en la cuenta. Se preguntará Usted sobre qué...bueno, Usted sabe, sobre lo que me pasa con Usted, o pasaba, no sé. He entendido que la ecuación Usted más Yo no es sino un cociente indefinido, una serie de números irrepetibles hasta el infinito, así. Nadie nunca sabrá la respuesta concreta, y se pueden intentar millones de operaciones sin éxito; sólo hay que conformarse con redondear el resultado. Bueno, si me permite la metáfora, yo me conformé con un redondeo ¿me entiende? Ya sé, ya sé que nunca me dio razones para creer lo que nunca existió, pero eso sólo pasa, ¿sabe? Además yo nunca creí más allá, yo sólo quise conocerla, pero conocerla más en profundidad…estem… no sólo…bueno, eso no tiene importancia. Lo que sí tiene importancia es éste momento en el que Usted está frente a mí, y va a tener que escucharme un poco más, si me lo permite-.

El vidrio se empañó un poco pues él sintió un repentino pudor que lo hizo sudar en frío y, como tomando valor, respiró hondo contra él, mirando los transeúntes pasar sin importarles ése momento tan crucial. De repente todos parecían ir de la mano en parejas. Él giró violentamente la cabeza otra vez hacia ella y habló:

-¿Sabe qué pasa? Que Usted no me entiende-.

La gente hablaba demasiado, la música lo desconcentraba. Sin embargo intentó embarcarse mirándola a los ojos. Falló. Decidió zarpar tomando una servilleta y analizando el cuadriculado rojo y blanco del mantel.

-Voy a intentar explicarle porqué. Yo sé que Usted no accederá a mis requerimientos, pero sin embargo intento. ¿Sabe lo duro que es eso para alguien a quien le cuesta tomar la iniciativa? Luego, me pongo como un niño. Comienzo a actuar con la inmadurez de un pendejo de 13 años que cree estar enamorado. Me sudan las manos, siento brotar el odio hacia mi teléfono celular si no me responde…yo sé que Usted ya se dio cuenta. Sepa que no era yo en esos mensajes incomprensibles. Alguien ajeno a mi persona se apodera de mí. ¿Alguna vez sintió en las manos tanto frío que creyó estar congelándose, y luego las puso bajo el agua caliente? ¿Vio qué dolor más extraño? Digamos que a uno le duele, pero también comprende que es necesario. Bueno, eso siente mi corazón si Usted está cerca. Seguramente sabe sobre esto de fríos y calores pues el hielo, el fuego y Usted, parecen ser la misma cosa.
Como fuere, le decía que Usted no me entiende. Si quiere le puede preguntar a mi almohada las cosas que le conté para que vea que no miento. Me cansé de mandarle mensajes en las estrellas, que nunca me contestó ¿le llegaron?
Voy a contarle una infidencia, no se incomode: algunas veces, cuando necesito coraje para realizar determinada acción, pienso en Usted y no sé, siento como que Hércules se adueña de mi cuerpo-.

Un hombre de sobretodo negro pasaba.

-Disculpe, maestro ¿tiene fuego?-.

El hombre tanteó con dos palmadas los bolsillos laterales, y no tenía nada. Acto seguido palmó el bolsillito superior izquierdo, y de él sacó un paquete de suaves en el cual llevaba el encendedor. Con una leve sonrisa se lo prestó. Él tomó un cigarro de su box que lo acompañaba a todas partes y lo encendió.

-Muchas gracias. Disculpe- dijo.

El hombre asintió y siguió su marcha.
Una larga y tendida seca, con su posterior inspiración, llenóle el pecho y los pulmones de vaya uno a saber cuánta cantidad de porquería. Bajó un poco la mirada, puso la boca hacia la derecha y exhaló fuertemente el vapor. Con el anular en su sien sostenía su cabeza y prosiguió:

-Usted no me entiende. ¿Se ha dado cuenta de que todas y cada una de las veces que Usted toma parte en mis historias, me convierto en otra persona? Con Usted escondida en mis versos soy poeta; y si hay algo que no puedo hacer normalmente es producir poesía. Si Usted, por esas casualidades, me regala algo del tono de su voz, me transformo en músico; y si hay algo de lo que no entiendo un pomo es de música, salvo para escucharla. Sin embargo la hago.
Y así con todo: he de ser histrión cuando su presencia me agobie, a ver si así disfruta mi compañía entre tantas otras. Generalmente quedo atónito y rígido como una escultura cada vez que veo su fotografía. Hasta he dibujado, mire lo que le digo, he dibujado un retrato suyo sin siquiera saber tomar el pincel correctamente.
Pero claro, Usted no me entiende-.

Llevó su cuerpo contra el vidrio levantando la pierna y tomó la billetera. La abrió con total pasividad, mientras el cigarro se consumía entre su índice y su mayor. Escarbó un poco y sacó un billete de veinte pesos que colocó bajo la azucarera. Posó el cigarro en el cenicero de manera que la brasa manchaba con una aureola azabache el fondo. Cruzó los brazos y frunció un poco el ceño. Sopló por la nariz emitiendo una risa insonora, la miró y le dijo:

-Es así, Usted me inspira el arte porque Usted es (subrayó esta palabra) mi arte. ¿Le puedo pedir un favor?-.

Se levantó delicadamente mientras ella lo miraba incrédula. Dos pasos seguros y en confidencia al oído sentenció:

-Yo la necesito, no sabe cuánto. Siga ignorándome así-.

Seguramente ella no lo entendió.
Él se retiró sin mirar atrás, mientras el mozo servía el pedido.-


En memoria tuya, Galán.


Gael Borjesi®

Música de luz, esta semana:

http://www.youtube.com/watch?v=ghWKwUAAWmQ