Errática Proserpina.-
Despierta hoy, y allá ve correr a Proserpina reviviendo alegre las calles de la ciudad, sonriendo. Admira cómo, como si fuese un prodigio, a su paso, el ambiente se tranforma y abandona su tono grisáceo. Los árboles, enterados de su presencia, abandonan su melancólica desnudez para calzarse su mejor traje, eligen y se rocían su mejor perfume, y riegan de coloridas hojas el camino, como alfombrando la senda de su diosa para que el asfalto no entorpezca el sedoso deslizar de sus pies. Ve cómo el sol contribuye liberando sus rayos más áureos para que abracen el verde césped del amor donde se recostará por la siesta. Todos le parecen hablar con mayor alegría. Hasta siente murmurar unas aves que revelan que el aire es más acogedor; ya no duelen aquellas esquirlas heladas del viento en las alas.
Se decide a caminar y, contemplando la buena obra, intenta que su anatomía se impregne de algún efluvio divino.
- Así es, Proserpina. Llegás vos y todo renace. Llegás vos y llega la calidez que necesitan los cuerpos para sentir fluir la sangre con vivacidad.- Piensa introspectivamente, imaginándose la corporeidad de la diosa que se presenta ante él para un diálogo.
Vuelve en sí. Un cálido vapor se instaura en sus pupilas cuando ve en una esquina una pareja besándose con pasión. Se detiene. Gira su cabeza, observa hacia mitad de cuadra y, en la plazoleta junto a la cascada, divisa como un joven toma de la mano a una muchacha y le ofrece su cuerpo para que lo abrace. Ella sonríe. Él sonríe. Un beso se rié de él.
Da media vuelta y sólo su sombra lo acompaña en el regreso, vencido.
- Así es, Proserpina. Llegaste vos para todos.- Sentencia.
Ante él, la puerta alta y gris. Una llave casi oxidada descubre el pasillo largo y enmohecido. Y camina; y se hielan sus extremidades; y un crujido lo empuja hasta la habitación; y en su espejo sólo hay sombras... Desviste su cuerpo enlutado y mientras se acuesta y se rinde a ser aplastado por su abrigado lecho, objeta:
- De nada sirve tu primavera cuando el invierno está aquí adentro, frío y sombrío.-
Proserpina lo mira desde el rincón, triste.-
GaelBorjesi®
1 misivas:
Luz, luz, luz... buenísimo, José.
Me encantó la verdad.
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Enciéndeme con tu luz.-