lunes 31 de agosto de 2009

Descripción.-


Ignorantìa [II]

Era Usted. Yo iba un tanto desprotegido de concentración, portando en mis oídos a mis fieles compañeros de viaje, pero era Usted. Si recuerdo bien fue en la intersección de 25 de Mayo de 1810 y Provincia de Mendoza; quizás recuerdo mal y fue un poco más allá, o más acá, cerca del corazón, pero era Usted. Era imposible confundirla con la banalidad de los centenares de otros transeúntes. Mire, creer que me haya pasado eso es como si me dijera que no puedo discernir entre un diamante y pedacitos de vidrio resquebrajado, como los que suelen expeler mis glándulas lagrimales cuando son excitadas por algún designio suyo. Esas profetizaciones involuntarias que comúnmente me informa en secreto, cuado no lo sabe. Sí...sí, claro que era Usted. ¿A quién más podría la brisa abrazar con tanto ahínco? Si cada centímetro cúbico de aire peleaba con su par, en una lucha eólica feroz, por hacer flamear su cabellera defendida por el sol insólito de invierno. Usted era la única persona que no se había convertido en una silueta monocromática para estos castigados ojos caninos. Yo osé detenerme sin importarme los embates de aquellas maquinitas callejeras programadas para transitar en línea recta. Y allá, dejando atrás "Filippo" y "Café 25", iba Usted. Sonreí, pues iba tomada de mi mano...

Un par de minutos muertos y dobló por José de San Martín, hacia Ildefonso de Las Muñecas. Pino me trajo a la realidad nuevamente, hablándome desde adentro de mi cabeza y poniendo en mi boca una frase que rezaba así:

"Duele como la distancia que separa nuestra piel..."

Sin embargo, era Usted, e ¿iba tomada de mi mano?.



GaelBorjesi®


viernes 28 de agosto de 2009

Relato.-


Eclipse.-

Yo sí la vi, compadre. Estaba ahí, impoluta, diáfana, tan brillante que no podía mantener la vista en ella por más de treinta segundos. Llevaba en su silueta el poder de la noche pero su aura reflejaba lo que millones de átomos reaccionando en cadena. Tímida, se posó en mí. Yo dejé fluir esa atracción, yo atraje su influjo a todo mi ser, hasta que me enceguecí por completo. No sólo la vi, sino que la sentí. Me convertí en su satélite natural, saliendo por su este y entrando en su oeste. Y ella sólo iluminaba. Discreta y sensible, me iluminaba. De repente abrí los ojos y pude divisarla completamente. Y pensar que así, como la vi, es tan pequeña, hermano. Es una Pequeña Miniatura en la infinidad del cielo, en la infinidad de mi cielo. Pero cómo alumbraba esa noche, querido. No puedo explicártelo. Por esta vez no puedo explicarlo. Es una Miniatura tan grande...

Yo sí la vi, compadre. Yo vi esa otra luna que nadie vio. Y es tan pequeña que cabe en mi corazón...


GaelBorjesi®

jueves 27 de agosto de 2009

miércoles 26 de agosto de 2009

Reflexión.-

Ignorantìa [I].-

Acá estoy, no se enoje, ya sé que hacía mucho que no le escribía. Volví porque aunque me encuentre entre libros no puedo dejar de pensar en Usted, ya me oprimía demasiado la idea de no venir a compartir un par de palabras empapadas. No hace falta que me recuerde todo lo que siente, ya disculpé el hecho de no haberme apersonado antes. Sé que sigue olvidándome como siempre; sé que sus latidos se mantienen normales cuando quizás de casualidad me encuentra por ahí; sé que por más que Usted intente, y le sea difícil, no podrá insertarme en su cabeza. Sé que no me extrañó.
No se enoje, yo sigo aquí.



GaelBorjesi®

viernes 21 de agosto de 2009

Versículos [2].-


Lúz.-

Lúz.
Un instante pequeño pero
celesteazul de luz
instiga mis sentidos,
arenga mis latidos.
Refulgente, cegador,
ocular es su destello,
sesgando las tinieblas,
sosteniendo y reviviendo el cielo.
Instante de luz.-



Ígneame.-



Lejos, detrás de este jardín eléctrico,
una mirada aflora con dejos de misterio.

Celeste, ardiente y joven fuego,
invadiendo los resquicios más añejos.

Así, quema de vuelta, así.

Retroceder quiero, pero no puedo,
ocho pasos hasta tu cielo.

Simple, infame y voraz deseo
sube mi noche, enfría mi infierno.

Inevitable, quema de vuelta, así.-



Gael Borjesi®

miércoles 19 de agosto de 2009

Historia.-



Perdido en perseidas.-

Todo era rojizo. Él estaba ahí, como esperando un milagro desde el éter, y no veía nada más que esa tenue luz sonrojada que lo impacientaba, pues con los ojos trataba de divisar, inocente, alguna supernova. Los pies firmes en ese elemento grisáceo que nunca supo bien qué era. Como un recluta posaba sus brazos tendidos a los lados, sólo que su cabeza estaba firme en la inmensidad celeste, ahora invadida por miles de almas ensangrentadas.

-¿Pasará?- Se preguntaba.

Un aire gélido atravesaba sus poros pero él lo disfrutaba. Sonreía ante los mimos de aquél viento rebelde que estremecía las gotas de sudor en una noche de estío. Sus manos estaban inquietas, pues sabían que aunque agoten intentos, nunca lograrían acariciar aquellos astros que se ocultaban tras esa cortina colorada. Sus cabellos bailaban al son de la brisa, creo que de algún tema de Pink Floyd hecho por Gilmour:
-Shine on You crazy Diamond- Él lo cantaba demasiado fuerte como incitando a las perseidas a comenzar su acto.
Aquél viento que despeinaba sus pensamientos se apiadó de él y en una razzia intempestiva, comenzó a aislar los copos de nieve gaseosos. Él sonrió más de la cuenta. Sabía que estaba más próximo al espectáculo. Entregó sus brazos a la noche. Se desnudó ante el poderío de tanta inmensidad. Sintió volar. Despegó. Ante él, la magia. La figura belicosa de esos astros descendentes que no cesan en su afán de llegar a tierra firme, que sin embargo pululan y perecen en su roce con la atmósfera. La oscuridad parecía iluminarse y su sonrisa comenzó a girar. 360º constantes de pura felicidad. Aquélla guitarra desmenuzaba los más impolutos acordes y él, a carcajadas, recibía el bombardeo. Luego, cesó el viento. Con él, la lluvia de astros. El cielo retomó su oscuro semblante y Él, con un gran suspiro tendido, reflexionó para sí mismo, como si le hablara al más allá:

-Si tan sólo hubieses estado aquí, junto a mí...-.

Dejó caer los brazos nuevamente a los lados, y su cabeza contra el esternón. Rendido, caminó hasta la puerta. Llevaba una lágrima fugándose de su ojo derecho.


GaelBorjesi®

lunes 17 de agosto de 2009

Versículos.-


Ella en mí.-

Ella es la noche.
Ella puede ser una sombra, mucho más que una sombra.
Pura oscuridad, veneno letárgico en el paraíso.

Ella es un sol.
Con sus rayos seca todo mar de felicidad.
Puro desierto, arena movediza de la sonrisa.

Ella es la locura.
Ella descalabra la razón, volviendo alguna vez.
Puro desenfreno, éxtasis agrietado de sonidos.

Eso es ella, y su ausencia en mí.



GaelBorjesi®®

viernes 14 de agosto de 2009

Sentencias.-


Muerte.-



¿Existe la muerte después de la vida?.


Música.-



La música no me da de comer pero es mi alimento.


Arte.-



Es raro tu arte, comenzaste bajándome el telón.


Amistad.-



Mi amistad tiene pretensiones de ser como el amor; pero siempre será primero aquéllo.


GaelBorjesi®®

Versículos ['99].-


Te vi (aquella primera vez).-


Te vi, y me enamore de ti, de tus ojos tiernos.
Te vi, y mi corazón gritaba, te llevaste el alma.
Te vi, y besos añoraba, caricias esperaba, soñaba que me amabas...
Te vi, entre toda la gente, tan dulce e inocente,
¡brillabas para mí!

Y no pude evitar, querer entregarte la luna.
Te comencé a amar, y a quererte como a ninguna...
De repente, aparecías en mi mente, diferente:
eras solo mía...

Te vi, y tus pasos yo seguí para tenerte cerca...
Te vi, mientras vos volteabas, mi imagen encontrabas
y el mundo se paraba...
Y sentí, que el dolor se disipaba,
escuchando tus palabras comprendí
que vos también me amabas, que yo tenía alas...
y volarías junto a mí.

Y no pudimos evitar llegar hasta la luna.
Nos comenzamos a amar y a querernos como nunca.
De repente, aparecimos en la gente, diferentes:
nada nos separaría...


GaelBorjesi®®

Versículos.-

Perdido (El que fui alguna vez).-

Me faltan ganas de admirar el amanecer,
mi cabeza decapitada estalla por no comprender...
Y escarbando en las dudas busco respuestas, ¡busco conocer!
pero sólo encuentro un cuaderno gris que no puedo leer,
por ser aquel vidente caprichoso que no quería ver.

Me faltan ganas de salir a volar,
ya no extiendo mis alas al viento, no quiero planear...
Y escarbando en la razón, busco consuelo, ¡busco paz!
pero sólo encuentro una canción que no deja de sonar:
"la dulzura que nace en tu boca, termina en brasa y comienza a quemar"...

Y perdí el pulso, la sonrisa constante.
Perdí las cuerdas armoniosas de una guitarra.
Perdí la fe en mí y perdí las armas.
Tanto que ahora no encuentro palabras...
Ahora me acuerdo de que algo gané: una espina en el corazón.
Pero perdí las ganas de continuar esta canción.


GaelBorjesi®®

Reflexión.-


Contexto.-

Muchos años atrás, quizás 4. La complicidad de la noche. La luz tenue de una lamparilla que producía la sombra de mi brazo sobre una hoja que parecía apuñalada y sangraba algunas letras en los márgenes. Dentro, una birome que de esforzada y longeva escribía en una tonalidad que asemejaba el cielo de primavera a las 3 de la tarde. Una mano desesperada y una cabeza incendiada. Y la fiel compañía de esa tristeza audaz que corrompe al corazón más impoluto y lo lleva a escupir descaradamente... .-

GaelBorjesi®

Versículos.-


Frágil (Texto modificado 2009).-



No puedo así explicar
lo que envuelve a este corazón.
No entiendo si es verdad
o sólo mi imaginación...

Ayer eras real,
hoy nada más que una canción.
Y quiero expectorar
para calmar este dolor...

¿Dónde están los sueños extraviados,
los soles transpirados,
las lunas que se han llorado?

¿dónde está el brillo de la madrugada
cuando no se tiene nada más que un ocaso?

Allá veo nadar
los deseos que abandoné.
Se confunden con el mar...
no los puedo detener.

Santa soledad
Donde me acobijaré
Cubre las alas de mi desnudez....

¿dónde están los sueños extraviados,
lo soles transpirados,
las lunas que se han llorado???

¿dónde está el brillo de la madrugada
cuando no se tiene nada más que un ocaso??

Y la rosa ríe frágil...



Porque lo frágil y vulnerable también sabe lastimar.-


GaelBorjesi®

Sentencia.-


Contexto.-

¿Cómo sé que estoy solo? Sencillo: un ordenador, un Quijote, un diccionario y dos tristezas: su ausencia y la mía.

GaelBorjesi®