
Ignorantìa [II]
Era Usted. Yo iba un tanto desprotegido de concentración, portando en mis oídos a mis fieles compañeros de viaje, pero era Usted. Si recuerdo bien fue en la intersección de 25 de Mayo de 1810 y Provincia de Mendoza; quizás recuerdo mal y fue un poco más allá, o más acá, cerca del corazón, pero era Usted. Era imposible confundirla con la banalidad de los centenares de otros transeúntes. Mire, creer que me haya pasado eso es como si me dijera que no puedo discernir entre un diamante y pedacitos de vidrio resquebrajado, como los que suelen expeler mis glándulas lagrimales cuando son excitadas por algún designio suyo. Esas profetizaciones involuntarias que comúnmente me informa en secreto, cuado no lo sabe. Sí...sí, claro que era Usted. ¿A quién más podría la brisa abrazar con tanto ahínco? Si cada centímetro cúbico de aire peleaba con su par, en una lucha eólica feroz, por hacer flamear su cabellera defendida por el sol insólito de invierno. Usted era la única persona que no se había convertido en una silueta monocromática para estos castigados ojos caninos. Yo osé detenerme sin importarme los embates de aquellas maquinitas callejeras programadas para transitar en línea recta. Y allá, dejando atrás "Filippo" y "Café 25", iba Usted. Sonreí, pues iba tomada de mi mano...
Un par de minutos muertos y dobló por José de San Martín, hacia Ildefonso de Las Muñecas. Pino me trajo a la realidad nuevamente, hablándome desde adentro de mi cabeza y poniendo en mi boca una frase que rezaba así:
Sin embargo, era Usted, e ¿iba tomada de mi mano?.
"Duele como la distancia que separa nuestra piel..."
Sin embargo, era Usted, e ¿iba tomada de mi mano?.
GaelBorjesi®







