sábado 26 de septiembre de 2009

Introspección.-


Impossibilitas I.-

Hay algo que me perturba. Estuve pensando seriamente en intentar borrar todo lo que me haga recordarla. Llegué a la conclusión de que la empresa es actual, total y completamente imposible: debería desaparecer yo mismo.-


GaelBorjesi®

lunes 21 de septiembre de 2009

Historia.-


Errática Proserpina.-


Despierta hoy, y allá ve correr a Proserpina reviviendo alegre las calles de la ciudad, sonriendo. Admira cómo, como si fuese un prodigio, a su paso, el ambiente se tranforma y abandona su tono grisáceo. Los árboles, enterados de su presencia, abandonan su melancólica desnudez para calzarse su mejor traje, eligen y se rocían su mejor perfume, y riegan de coloridas hojas el camino, como alfombrando la senda de su diosa para que el asfalto no entorpezca el sedoso deslizar de sus pies. Ve cómo el sol contribuye liberando sus rayos más áureos para que abracen el verde césped del amor donde se recostará por la siesta. Todos le parecen hablar con mayor alegría. Hasta siente murmurar unas aves que revelan que el aire es más acogedor; ya no duelen aquellas esquirlas heladas del viento en las alas.
Se decide a caminar y, contemplando la buena obra, intenta que su anatomía se impregne de algún efluvio divino.

- Así es, Proserpina. Llegás vos y todo renace. Llegás vos y llega la calidez que necesitan los cuerpos para sentir fluir la sangre con vivacidad.- Piensa introspectivamente, imaginándose la corporeidad de la diosa que se presenta ante él para un diálogo.

Vuelve en sí. Un cálido vapor se instaura en sus pupilas cuando ve en una esquina una pareja besándose con pasión. Se detiene. Gira su cabeza, observa hacia mitad de cuadra y, en la plazoleta junto a la cascada, divisa como un joven toma de la mano a una muchacha y le ofrece su cuerpo para que lo abrace. Ella sonríe. Él sonríe. Un beso se rié de él.
Da media vuelta y sólo su sombra lo acompaña en el regreso, vencido.

- Así es, Proserpina. Llegaste vos para todos.- Sentencia.

Ante él, la puerta alta y gris. Una llave casi oxidada descubre el pasillo largo y enmohecido. Y camina; y se hielan sus extremidades; y un crujido lo empuja hasta la habitación; y en su espejo sólo hay sombras... Desviste su cuerpo enlutado y mientras se acuesta y se rinde a ser aplastado por su abrigado lecho, objeta:

- De nada sirve tu primavera cuando el invierno está aquí adentro, frío y sombrío.-

Proserpina lo mira desde el rincón, triste.-




GaelBorjesi®

martes 8 de septiembre de 2009

Relato.-


Encefalograma.-

Oiga, ¿Usted piensa que no escucho lo que dice? Yo la escucho, no se crea lo que dice la gente. La escucho alto, fuerte y claro; tanto que hasta no puedo sacar su voz de mi cabeza. Hay veces que no distingo bien lo que sus palabras pretenden desenmascarar en mi intelecto. Otras, las más, oigo un balbuceo, quizás una jota seguida de una o. Quizás es sólo lo que quiero creer, porque, como sabrá, creer con firmeza hace que las cosas insólitamente se cumplan. Pensándolo bien, nunca me he visto favorecido por esa máxima. He creído, por ejemplo, que algún día la llevaría a pasear al Parque 9 de Julio, un Domingo, cuando los niños van a remontar barriletes y los pequeños patos parecen más alegres en el Lago San Miguel y, que vá, sólo me he encontrado conmigo mismo, empapado por una lluvia primaveral, descalzo de ilusiones, a la sombra chinesca de un árbol que se burlaba, escupiéndome.
Pero como le decía, tengo su voz arrinconada ahí, en medio del comedor de mis neuronas. Por suerte, al ser algo mío (quizás lo único suyo que pude lograr que sea mío), lo manejo a gusto y piacere. Entonces, cuando la quiero feliz, hago a su voz reir; cuando requiero su compañía en un momento aciago, disminuyo un poco su volumen y así, tenue, la transformo en un arrumaco. Como verá, dispongo de su voz a mi antojo, así que cuidado con lo que dice. No le haga caso a lo que dice la gente. En estos mismos momentos creo que estoy escuchándola, dice algo así como "neón, neón...". Sí, ¡está cantando! No sabía que Usted cantaba. Lo mejor de todo es que canta sólo para mí, pues no veo a nadie más en la sala. Debo decirle lo delicado y coqueto que le queda ese vestido celeste con estampado de flores blancas, como si éstas la abrazaran todo alrededor. Pero no quiero desviarme. Su voz me dice tantas cosas que a veces me pierdo entre los fonemas y me ahogo en un vaso de sopa de letras. Y cómo brilla su diadema, pero no quiero desviarme. Sólo le diré, recapitulando, que tengo su voz acá (sí, ahí, bien al fondo), diciendo mi nombre todo el día, todos los días. Y qué lindo que suena. ¿Usted no la escucha?



GaelBorjesi®

jueves 3 de septiembre de 2009

Versículos.-


Fantasmagoría


No me ves pero estoy.
No me sentís pero soy la brisa en tus labios.
En este ajedrez soy el rey en un lado y vos la reina en el blanco;
y voy a buscarte.

Puedo ser la luz de tu sombra,
puedo ser el vigía de tus sueños,
puedo ser...

No te veo pero estás.
No te siento pero sos la marea que sube cada vez más.
Vestida de algodón en mi mente estás y callo ante tanta suavidad;
pero voy a buscarte.

Puedo ser la razón oculta,
puedo ser la timidez en tu rostro,
puedo ser...

Puedo ser el sonido constante, las letras incesantes puedo ser...



GaelBorjesi®