martes 24 de noviembre de 2009

Historia.-


Aequanimĭtas.-

No existe tal justicia para él. La ecuanimidad es un constante y revoltoso desengaño en sus pupilas ahogadas de sal. Ni siquiera puede guiarlas, no puede ser autosuficiente ni siquiera en ese mínimo suceso, todo es obra del capricho de las manos de esa áurea figura. Donde ella las empuja, hacía ahí se dirigen y ven lo que se les muestra, no lo que perciben. ¿Eso es justicia? No existe tal justicia para él. No puede decirse que haya imparcialidad en una boca que no emite otro sonido que el impuesto por el corazón. No señor. ¿De qué sirven unas piernas que caminan perdidas tras los rastros de una huella que nunca se asentó? Y sin embargo él mira, habla, camina. Pero siempre se pierde. Se pierde entre lagunas saladas, entre sonidos involuntarios y caminos inexistentes. Se ensordece a los miles de gritos de advertencia y persigue el rastro de su propio mapa suicida. No conoce el sabor del algodón, que sólo le sabe a azúcar. No hay justicia para él, señor. Él pretende hacer justicia por mano propia, y se conforma con eso, como si pudiera...como si sus manos no fuesen también impulsadas por esa áurea figura a escribir lo que ella le dicta. Como si escribir fuese una consecuencia de la libertad, la llave de todas sus ataduras.
¿Puede eso llamarse justicia? No, no existe tal justicia para él, pero al menos sus manos lo hacen sentir inocente cuando apuñala una hoja en blanco con su trazo y la hemorragia es incesante.
Al menos éso.
Ese crimen, para él, es justicia.-




GaelBorjesi®

miércoles 18 de noviembre de 2009

Historia.-


Regressus.-

Él se fue, o por lo menos quiso irse. Tal vez está yéndose, pero siempre vuelve. Vuelve a ningún destino, pasea por calles incógnitas, se abraza con quienes desconoce, compra lo que no sabe y vuelve otra vez a irse a donde nunca estuvo. Piensa que con sólo pensarlo es suficiente sin saber que lo que piensa está muy alejado de lo pensado. Y vuelve. Otra vez vuelve contra esas ganas terribles de no volver jamás. Pero vuelve. En realidad es atraído. Es atraído por ese diabólico polo opuesto del que nunca pudo escapar ni aún huyendo. A decir verdad, él se deja atraer; se deja atraer para escapar una vez más. Y otra vez. Y siempre estará huyendo sin poder escaparse, porque él muy bien sabe que no quiere irse. No quiere el destierro. Él quiere quedarse, aunque no sepa dónde. Quiere vivir, aunque no sepa cómo. Aunque no conozca otra manera de vivir que no sea llevando el fragor constante de una grieta abriéndose en el pecho y dejando discurrir un torrente de nada.
Yo fui testigo. Él me dijo que se iba para no regresar, mientras acomodaba unas hojas manchadas que asomaban por delante de su brazo apretado contra su costado.
Él se fue para no regresar. Pero volvió. Y aquí estoy yo oyéndolo otra vez, tal vez desoyendo lo que me dictaba su ausencia.-



GaelBorjesi®