viernes 8 de enero de 2010

Historia.-


Somnus.-

Él se despertó sobresaltado, había soñado con ella. Entre arcoiris y nubes de colores volaban formando una sola imagen, más alegres que nunca. Al fin eran uno. Ella lo miraba y sonreía mientras él sólo la contemplaba inocentemente. Ella hablaba pero él nunca pudo descifrar sus palabras, tan sólo ver esa áurea figura en su diestra lo tranquilizaba. Descendieron, y en el paraje más verde del Jardín ella quiso besarlo. Él, atónito, sintió un ardor helado por dentro. Pero algo raro sucedía: mientras más se acercaba, más difusa era la imagen. Malditos pixeles saboteadores de congoja, dándose a la fuga como viles traidores...Y él despertó. Se incorporó hasta quedar sentado, sin poder ver demasiado entre las mantas de la noche, sonriendo tan inocentemente que, al darse cuenta de la ilusión de la que había sido víctima, suspiró y dejó fluir un leve gesto irónico en su rostro. Echó su cabeza entre las piernas y los brazos en los costados como rendido, ya nada podía hacer; ya nada podría devolver ese momento, algo había esfumado su estado somnífero como con un chasquido de dedos. Sentándose sobre el borde de la cama, con intención de levantarse, se dijo a sí mismo encogiendo los hombros: "vaya novedad, si siempre ha sido un sueño...". Hizo una pausa como descreyendo su lucidez, y una vez descubierta la normalidad partió hacia su escritorio. Encendió la lámpara que libraba una luz tenue, ayunó de obstáculos el sector y, sacando un cuaderno del segundo cajón derecho, lo ubicó con hábil pulso sobre el centro del pupitre. Entristeció mientras releía algunos extractos de lo que allí estaba plasmado, tañendo con cuidado una a una las hojas. Con un poco de temor quizás, tomó su puñal y escribió:

"He soñado con Usted. ¿Hace falta que le diga más? Otra vez he sido víctima de mi propia torpeza. No tengo pericia supresora, según se ve. Ni aún creyendo que la había borrado he podido sacarla de ese misterioso mundo encriptado en vaya uno a saber qué código maligno. Le pido un favor: ¿podría hacerlo por sus propios medios? Ya no soporto más despertarme sabiendo que mis manos jamás acariciarán sus labios, ni aún en ese paisaje enigmático. No soporto tener que reprimir este deseo ferviente de tomar el teléfono y, más no sea, llamarla para escuchar su voz antes del sonido insoportable del adiós. Créame, ambos estaremos mejor si Usted desaparece. Ya el tiempo de asir esperanzas ha finalizado. Como he finalizado yo estas líneas, consciente de que mañana vendré nuevamente. Buenas noches."

Sin leerlo lo arrancó violentamente. Apretó fuerte entre sus manos ese pedazo de sí mismo, muchas veces, hasta arrugarlo por completo. Cegó la habitación y dirigiéndose hacia su lecho nuevamente, dejó caer la maraña empapelada en un cesto que reposaba cerca del marco de la puerta. Se recostó, intentando concentrarse en aquél momento previo a su despertar, esperando a que el letargo lo encarcelara. Se preguntó si soñar era tan malo, aún teniendo ese desenlace trágico. Concluyó en que soñar lo vale, si sigue habiendo arcoiris y nubes de colores. Vale.

El siguió soñando muchas veces después de aquella noche, despertándose con inanición de besos. Pero al menos sueña. Sueña profundamente....-




GaelBorjesi®

martes 5 de enero de 2010

Relato.-


Ocŭlus.-

No importa a donde quiera que él vaya, esos ojos siempre estarán mirándolo. Esos ojos azules como el mar, penetrantes como una daga, lejanos de sus manos como la luna llena de Enero. No puede quitárselos de encima. Lo aplastan cada vez que se despierta, cada vez que suspira, cada vez que piensa. Y cuando piensa en ellos, quiere arrojarse y ahogarse en su marea; sentir el oxígeno desvanecerse en sus pulmones; abrir su boca y dejarse llevar a lo incógnito, nadando dentro de esa mirada sutil. Quiere perforar la profundidad y dilucidar qué hay detrás de ellos, sabiendo que, seguramente, no se encontrará él mismo allí. Y allá va otra vez, decidido a sumergirse furtivamente en el añil de sus pupilas, aunque el flujo ocular lo repela una y mil veces...y corre por la arena casi impalpable de su rostro, mientras atraviesa el gélido torrente ventoso de sus cabellos, y sonríe. Y una vez cerca se deja fusilar por la sal que despiden las olas. Y cae aplastado por una de ellas; y es feliz. Sin embargo, despierta una vez más tendido en la orilla, náufrago de miradas. Se levanta, mira hacia atrás y promete a la marejada su regreso. Su regreso a esos ojos azules como el mar, penetrantes como una daga, lejanos de sus manos como la luna llena de Enero...
Si tan sólo supiera cómo nadar en ellos, él aprendería. No sabe nadar, pero...rayos que aprendería.



GaelBorjesi®