lunes 15 de febrero de 2010

Historia.-



Pluvĭa.-

Él solía recordar aquellas noches en donde disfrutaba del sonido de la lluvia galopando en el bordecito de la ventana, mientras su oído izquierdo huía de la música del sur para volverse cómplice de aquellos juguetones chasquidos que a veces hasta lo salpicaban. Él disfrutaba, como cuando era niño; como cuando pedía un barquito de papel de diario para posarlo sobre el agua que corría contra el cordón y perseguirlo hasta que desaparecía en algún tifón causado por un automóvil. Sí, el disfrutaba de la lluvia, tenía su encanto. Ahora la lluvia lo desanimaba. ¿Por qué? Por que sentía que podía unificarse con ella en el llanto. Ella también lloraba, él también llovía. Llovía por dentro constantemente y llovía por fuera, cuando de madrugada escuchaba ese sonido en el bordecito de la ventana y seguía atado a miles de palabras infértiles que pujaban por salir desde esa tormenta interior, desde lo nublado de su alma. Desde su alma pluvial.-




Gael Borjesi®